DESCONÉCTATE Y CONÉCTATE CON LUX: ECOS DEL FUEGO, EL LUGAR DONDE LA OSCURIDAD TAMBIÉN ILUMINA
Por Jossy Díaz / 2 de junio 2026.

Hay espectáculos que uno mira y otros que despiertan tus sentidos.
“LUX: Ecos del Fuego”, la propuesta multidisciplinaria creada por Félix Arroyo en la Caja Negra del Teatro de la Ciudad, pertenece a esa segunda categoría. No se trata solamente de sentarse frente a un escenario; se trata de entrar a un espacio donde el tiempo parece ser más lento, donde el celular deja de importar y donde, poco a poco, los sentidos comienzan a despertar de otra manera.
Durante 50 minutos, el público es invitado a desprenderse del ruido digital para adentrarse en una experiencia inmersiva donde la oscuridad, el sonido y la luz construyen otro lenguaje, uno más humano. Y quizá ahí reside la primera gran virtud de esta obra: recordarnos cuánto hemos dejado de escuchar, de mirar y de sentir.
Desde la mente del reconocido escenógrafo e iluminador Félix Arroyo nació este proyecto que comenzó a escribirse hace más de un año, impulsado por preguntas alrededor de la luz y todo lo que representa. No solamente desde la física o la tecnología, sino desde lo espiritual, lo religioso, lo simbólico y hasta lo emocional.
Para Arroyo, la luz no es únicamente el oficio al que ha dedicado gran parte de su vida; también se convirtió en una reflexión íntima sobre la forma en que observa el mundo y su propia existencia. Esa búsqueda terminó transformándose en una pieza escénica donde convergen distintas disciplinas para hablar de un mismo tema desde diferentes voces.
Y eso se percibe en escena…

Las tres compañías municipales, Coro, Teatro y Ballet Folclórico, conviven en escena aportando distintas miradas y emociones alrededor de la luz. Los sonidos terminan convirtiéndose en imágenes mentales; la dramaturgia de Saúl Enríquez funciona como un puente emocional que lleva al espectador desde la claridad más cálida hasta la oscuridad absoluta; mientras el movimiento corporal de la compañía de ballet folclórico parece dibujar símbolos invisibles dentro de la Caja Negra.
Tal vez por eso “LUX” se siente tan personal.
Las referencias pictóricas de Arroyo aparecen sutilmente en la construcción lumínica: contrastes dramáticos, sombras que abrazan los cuerpos y destellos precisos que revelan emociones antes que rostros. La luz aquí no adorna; revela.
Y detrás de esa precisión escénica también habita la escuela de uno de los grandes maestros del teatro mexicano. Durante cerca de ocho años, Félix Arroyo fue asistente de Alejandro Luna, considerado uno de los escenógrafos más importantes de los siglos XX y XXI en México. Esa herencia artística se percibe en la manera en que cada elemento se fusiona de manera puntual con el espacio y con el espectador.
Pero quizá lo más poderoso de “LUX: Ecos del Fuego” ocurre en los pequeños momentos: cuando una respiración se escucha más fuerte que cualquier palabra, cuando se humedecen los ojos, cuando el silencio pesa, cuando la oscuridad obliga a mirar hacia dentro.
Con apenas 24 artistas en escena y un aforo limitado para 100 personas, la experiencia se vuelve íntima, casi ritual.

No es una obra que se explique fácilmente porque está hecha para vivirse.
Todos los viernes de junio a las 19:00 horas, la Caja Negra del Teatro de la Ciudad abre sus puertas para quienes estén dispuestos a apagar por un momento el exterior y permitir que el arte haga lo suyo: incomodar, abrazar, cuestionar y encender algo por dentro.
La entrada es gratuita y los boletos se entregan dos horas antes de cada función.
A veces, para volver a conectar con uno mismo, basta con apagar la pantalla y dejar que la oscuridad también nos ilumine.