LA MECÁNICA DE LOS SUEÑOS… Una mirada a los secretos del teatro
Por Jossy Díaz / 23 de septiembre 2026

Yo sabía más o menos de qué trataba La Mecánica de los Sueños. Había leído la sinopsis y me había asomado a algunos ensayos, pero una cosa es conocer la historia y mirar de cerca la escenografía, y otra muy distinta vivir el montaje como una espectadora más. El día del estreno yo también tenía que dejarme sorprender. Y justo eso pasó…
La función comienza con piratas, fantasmas roqueros, personajes peculiares, música, luces, cambios de vestuario y situaciones que, al principio, uno no termina de entender del todo. Pero poco a poco las piezas comienzan a acomodarse y descubres que detrás de toda esa aventura hay algo mucho más interesante: los secretos del teatro, sus mecanismos, sus oficios y esa magia que sucede detrás del telón y que pocas veces tenemos oportunidad de mirar tan al descubierto.
Después de apenas dos funciones en el Teatro de la Ciudad de Cancún, La Mecánica de los Sueños ya consigue algo que no siempre es sencillo: atrapar por igual a niñas, niños y adultos y dejarnos con ganas de seguir descubriendo qué hay detrás de aquello que vemos sobre el escenario. Y quizá ahí comienza el verdadero encanto de esta historia.
Una idea que nació de un recorrido por el teatro
Platicando con Félix Arroyo, creador y escenógrafo del montaje, cuenta que la idea nació casi accidentalmente durante una producción en el Teatro Julio Castillo de la Ciudad de México.
Junto con Matías Gorlero, gran iluminador, montaba la ópera para niñas y niños Brundibár, en la que participaba el coro del Centro Cultural Faro de Oriente. Muchos de esos pequeños nunca habían pisado un teatro y mucho menos subido a un escenario, así que Félix tuvo que mostrarles las diferentes áreas del recinto por cuestiones de seguridad. Pero aquel recorrido provocó algo más…
“Eso mismo deberíamos hacerlo una obra de teatro”, le dijo Matías.
La idea quedó sembrada: convertir aquel recorrido por las entrañas del teatro en una experiencia escénica para mostrar a las jóvenes audiencias todo aquello que normalmente permanece oculto.La respuesta apareció en forma de piratas.
¿Por qué piratas?
La elección tiene una razón fascinante. Félix explica que durante el periodo barroco, con el desarrollo de barcos, navíos y fragatas, surgió la necesidad de crear sistemas de poleas, contrapesos, escotillas y mecanismos para mover elementos de las embarcaciones. Muchos de esos principios terminaron trasladándose a la arquitectura teatral y dieron paso a parte de la maquinaria escénica que conocemos.
Por eso los piratas se convirtieron en el pretexto perfecto para hablar de la mecánica del teatro.

Pero había otra idea que Félix quería colocar en el corazón de la historia: el error como parte del proceso creativo.
Estos piratas quieren hacer una obra, pero no saben exactamente cómo. Prueban, se equivocan, vuelven a intentar y descubren que también del fracaso pueden surgir nuevas posibilidades.
Y eso, dice Félix, tiene mucho que ver con quienes hacen teatro: detrás de cada función hay ensayos, equivocaciones, cambios y aprendizajes. Lo que hoy vemos perfectamente coordinado sobre un escenario muchas veces nació de cientos de intentos.
Un teatro que se mueve frente a nosotros
La Mecánica de los Sueños es el tercer proyecto de La Caja Teatro en colaboración con 25 Producciones; «Príncipe y Príncipe» y «Pedro Melenas», fueron los primeros, ahora en Cancún, esta gran mancuerna lleva mucho más lejos la posibilidad de mostrar la mecánica teatral.

En el Teatro de la Ciudad de Cancún utilizan 20 varas, que se mueven en diferentes momentos de la función y, en otras ocasiones, al mismo compás. A ellas se suman telones, telones impresos, iluminación, utilería y más de 15 cambios de vestuario y accesorios.
También hay un homenaje a esas convenciones teatrales que muchas veces no necesitan explicación: basta una luz, un objeto o un movimiento para que nuestra imaginación complete lo que falta.
Y ahí aparecen los fantasmas del teatro: un tramoyista, un vestuarista y un iluminador que ayudan a los piratas a recomponer la historia.
Un universo de personajes que podemos elegir como favoritos
El proyecto fue creado por Matías Gorlero, Félix Arroyo y Giselle Sandiel, con dramaturgia de Mariana Hartasánchez y Saúl Enríquez, quien también dirige.
Elsa Becerra interpreta a la capitana Bucanera, inteligente y apasionada por crear, empeñada en encontrar algo que parece sencillo, pero que puede ser uno de los mayores retos de cualquier artista: la originalidad.

Erick Ripoll da vida a Prolegómeno, inteligente y con los pies en la tierra aunque se encuentre en altamar, y también a Simón Poleas, el fantasma de la tramoya.
César Sierra es Pupulio, gracioso y obediente; Roberto Rojo, Esmerino, la diva de la tripulación; y Rosana Arjona, Remilgos, un peculiar perico chamagoso cuya voz cambia cuando enciende el alma de una divertida foca que canta ópera.
Fer de León interpreta a Rita y Esteban Uscanga a Roto, dos personajes que funcionan como una especie de bufones al servicio de la tripulación. Desde el juego y el humor, Rita y Roto interactúan con el público y, en distintos momentos, involucran especialmente a niñas y niños en la acción escénica.
Ambos dan vida también a los fantasmas de los teatros olvidados: Lúmina Destellos, encargada de la iluminación, y Telonio Sedalito, responsable del vestuario.
Y está la música que es la actriz Perla Chávez, otra pieza indispensable de esa magia que, aunque muchas veces permanece en segundo plano, puede cambiar por completo el rumbo de nuestras emociones.
Cuando el público también entra en escena, a eso se llama «romper la cuarta pared»
Uno de los grandes aciertos de La Mecánica de los Sueños es que rompe la cuarta pared. Aquí el público no solamente observa: participa, responde, imagina y se convierte en parte de lo que ocurre.
La escenografía también se vuelve personaje: aparecen un pez melodramático, el sol, el mar, tormentas, olas y distintos fondos que juegan con nuestra imaginación. La iluminación acompaña la historia y, al mismo tiempo, revela otras posibilidades del lenguaje escénico.
Todo esto sostenido por el texto de Saúl Enríquez y Mariana Hartasánchez, que consigue hacernos reír, emocionarnos y mirar el teatro desde otra perspectiva.
El sueño de crear nuevos públicos
Félix cuenta que la obra ya ha viajado a Monterrey, León y Guadalajara, y que prepara una nueva temporada en el Teatro Helénico de la Ciudad de México, prevista para enero o febrero del próximo año.

Pero detrás de todo este trabajo hay un objetivo que me parece todavía más importante: generar nuevos públicos.
Llevar a niñas y niños al teatro no significa solamente sentarlos frente a un escenario. Hay que atraparlos con una historia, imágenes, música y personajes que despierten su imaginación y les provoquen ganas de volver.
Y eso es justamente lo que busca La Mecánica de los Sueños: acercar a las jóvenes audiencias a un teatro de gran formato y mostrar que detrás de cada función existe un universo enorme de artistas, técnicos, vestuaristas, iluminadores, tramoyistas, músicos y creadores que hacen posible aquello que vemos durante una hora y que, por momentos, parece suceder por arte de magia.
Quizá por eso, cuando termina la función, una empieza a mirar el teatro de otra manera.
Ya no solamente ves el telón: piensas en todo lo que puede esconder.
Ya no solamente ves una luz: imaginas quién está detrás y qué está contando.
Ya no solamente ves un escenario: sabes que ahí arriba existe una maquinaria invisible que también forma parte del espectáculo.
Y mientras veía la función pensaba que quizá ese es el verdadero sueño que propone la obra: recordarnos que el teatro no termina cuando se cierra el telón. Sigue vivo mientras haya una butaca ocupada por alguien dispuesto a mirar, imaginar y dejarse sorprender, como yo…
