CANCÚN VIVIÓ LA MATRIZ AFRO CON LOS CINCO SENTIDOS
Por Jossy Díaz / 13 de agosto 2026
Más de 14 mil personas fueron parte de una experiencia que nos acercó a la cultura afrodescendiente a través de la danza, la música, la gastronomía, los talleres y las historias compartidas.

Buena vibra, una gran experiencia y memorias para contar… porque las imágenes, los sonidos, los sabores y las emociones que transmitió cada uno de los participantes, sigue dando vueltas en la cabeza de miles de cancunenses que se dieron la oportunidad de vivir el 2º Festival Danzas Negras: Reflexiones Afrocaribeñas 2026.
Fue todo un viaje de descubrimiento que pudimos hacer sin salir de la ciudad.
Durante varios días pudimos acercarnos a una cultura que, aunque está mucho más presente en nuestra vida cotidiana de lo que imaginamos, muchas veces no reconocemos y por mucho tiempo fue invisibilizada. Y eso fue justamente una de las cosas que dejó este encuentro: descubrir que la herencia africana también está en lo que comemos, en cómo bailamos, en nuestras tradiciones y en muchas expresiones que forman parte de nuestra identidad.

Por eso digo que lo vivimos con los cinco sentidos.
Hubo danza, música, conversaciones, talleres y también comida. Y qué manera tan bonita de aprender historia: alrededor de una mesa, compartiendo una receta.
Uno de los momentos que más disfruté fue el taller de cocina afromexicana con Doris Careaga, de Tamiahua, Veracruz, una comunidad con una importante presencia afrodescendiente. Doris nos llevó por los sabores y las historias de su tierra y nos enseñó a preparar tamalitos de camarón y pescado.
Lo mejor fue que no nos quedamos mirando. Todos pusimos manos a la obra. Se hicieron equipos, se compartieron tareas, se platicó, se aprendió y al final llegó, por supuesto, la mejor parte: sentarnos a probar lo que entre todos habíamos preparado.

Mientras cocinábamos también descubríamos algo que me sorprendió mucho: varios de los ingredientes que utilizamos habitualmente en nuestra cocina tienen raíces africanas, como la Jamaica y el tamarindo, y muchas veces no tenemos idea de ello. Es de esos descubrimientos que después hacen que vuelvas a mirar un plato cotidiano de otra manera.
También estuvieron los talleres de Afrokorp, desde Cuba, donde el cuerpo se convirtió en otra forma de aprender. Porque cuando uno baila, también está conociendo una historia, una manera de entender el mundo y una forma de mantener viva una identidad.
Y hubo conversaciones que me dejaron pensando.
Una de ellas fue conocer a Diego Dantas, del Centro Coreográfico de Río de Janeiro, Brasil. Poder escuchar a alguien que conoce de cerca la creación de las comparsas y el carnaval de Río fue realmente especial. Detrás de aquello que vemos como una gran fiesta hay una historia enorme de trabajo, comunidad, disciplina, tradición e identidad.
Y después tuvimos la oportunidad de llevar todo ese aprendizaje a las calles de Cancún.
La clausura comenzó con una gran carnavaleada en la que participaron coreógrafos de distintas academias de la ciudad, bailarinas, bailarines profesionales, integrantes de la Compañía Municipal de Ballet Folclórico y, por supuesto, la gente que se fue sumando en el camino.
Las comparsas fueron resultado del taller de Diego Dantas y el recorrido desde la Glorieta del Ceviche hasta el Teatro de la Ciudad convirtió por un momento a Cancún en una enorme celebración callejera.
Ahí estaba la gente mirando, tomando fotografías, bailando, sonriendo y preguntando qué estaba pasando. Y eso también me gusta de estos encuentros: cuando el arte deja el escenario y sale a encontrarse con quienes quizá no habían pensado asistir a un festival.

Ya en el Teatro de la Ciudad llegó Jóvenes Zapateadores, de Veracruz, con Hombres de Tierra, una propuesta que combinó décimas, danza y teatralidad para hablar de la raíz africana, el sincretismo y la resistencia de la tradición jarocha.
También se develó una placa conmemorativa por la llegada del Festival Danzas Negras al Caribe mexicano. Un pequeño gran momento que deja constancia de que esta historia también pasó por Cancún.
Y como toda buena celebración, terminamos bailando.
The Best Band, integrada por músicos de México, Cuba y Venezuela, puso la música y el lobby del Teatro de la Ciudad terminó lleno de personas moviéndose al ritmo de la noche.
Más de 14 mil personas, entre CDMX y Cancún participaron en esta segunda edición del festival, que durante 12 días reunió a más de 300 creadoras y creadores y 18 compañías de Brasil, Cuba, Colombia, México, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela, además de representantes de seis estados de la República Mexicana.

Pero más allá de los números, me quedo con lo que cada persona se llevó.
Yo me llevo nuevos sabores, nuevas historias, nuevos nombres y muchas preguntas. Me llevo el recuerdo de los talleres, de las conversaciones, de los escenarios y de esa gente que conocí haciendo posible que una tradición siga viva.
Me llevo también la certeza de que la cultura afrodescendiente no es una historia lejana. Está viva, está presente y también forma parte de nosotros.